Tres generaciones ya de una misma familia haciendo catering. Y las tres, encabezadas por el mismo rótulo: Alfonso. Primero fue una venta que, con mucho esfuerzo, se convirtió en un restaurante. Comidas caseras, desayunos copiosos para las bodas en los años 70, meriendas en el Patio de la Pila, copas en el Tabanco y la esperanza de seguir creciendo. Más tarde, cruzamos los mares sirviendo comidas para la tripulación de los grandes barcos que se hacían en Cádiz. De ahí, el salto. Sin otra meta que la que te da la valentía y la vocación de servicio.  

Hace casi 50 años la palabra catering estaba destinada sólo a los servicios de comida de las aerolíneas. Entonces, Alfonso, después de dar la vuelta al mundo trabajando siempre para la hostelería, decidió, junto a su hermano, Antonio, salir a la calle a celebrar banquetes. Al nombre de su padre, le añadieron la palabra catering. Fueron pioneros.

Bodegas, fincas, casas señoriales, monumentos nacionales, palacios, plazas de toros, circuitos, asfalto, fincas, playas, arena, jardines y en un sinfín de escenarios más, hemos desplegado nuestras ofertas de catering. Hacer catering es hacer una carrera de fondo. Cada banquete es único. Cada servicio tiene sus características. Cada cliente es especial. Y esa filosofía sobre el trabajo, es la que se ha trasladado de una generación a otra, de un trabajador a otro.

Hoy, otro Alfonso más, capitanea el catering con la misma impronta que sus antecesores. Al lado, su hermano César, el bastión en la cocina. Un catering adaptado a las exigencias sanitarias y jurídicas de Europa, al conocimiento de las nuevas tendencias culinarias, al buen gusto por el ambiente en la mesa, a la formación de su personal y a trabajar para que los demás recuerden ese día en el que se sentaron a nuestra mesa, como uno de los mejores de sus vidas. 

 

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